lunes, 19 de diciembre de 2011

El vientre resucitador


«Breve fue el tránsito», pensó, «para perder todos mis mapas y rumbos. Los cánones de la andante caballería son sólo las perfecciones que sueña la vehemencia. De nada vale razonar, de nada vale actuar, ¿de qué valdrá pues amar si es resultado del silencioso razonar y del actuar? Todo lo que he hecho, tuvo cabal sentido mientras lo ejecutaba... tal vez no importan los fines sino el hecho mismo de estar vivo. Porque, ¿es acaso menos bello el paisaje porque no se lo puede entender? Pelear con un cerdo, destruir los abominables parajes de la abominable perfección, renunciar a los cielos de la sinrazón, combatir con un guerrero tuvo sentido mientras duró... ¿Consecuencias? ¿Merece un premio o un castigo el árbol por dar el fruto o el oscuro leopardo corredor cuando atrapa a la corza? Solamente he perdido lo que nunca tuve y nadie puede tener. Y bien haya todo lo que crece, lo que fluye, se modifica, caduca, principia, arranca y alcanza esplendor; bienaventurado lo efímero, todo lo efímero; lo que nace, se alza y acaba sin sentido, imprudente y generoso, variado y total; y el caos del que brota la hermosura y todo lo aborrecible y todo deseo y el tiempo del que somos esclavos y dueños y creadores.
Deja, Timotea, a otros las perfecciones: te anhelo por breve y sorprendente, por ser el fin del razonar y las acciones, flor de todos los jardines.»

Galaor

1 comentario:

  1. Interesante redacción, siento que es un lenguaje un poco mezclado, no ofuscado; me gusta el punto de lo efímero, lo fugaz, y ya lo dijo Einstein "todo es relativo", vivimos un pestañeo y la verdad creo que la vida es muy corta como para desperdiciarla. Enhorabuena Fer.

    ResponderEliminar